Genio: sal de tu lámpara

  • Viví cuarenta y cinco años en una cárcel sin barrotes,
 un hechizo silencioso 
que me decía que era feliz.
 Un mundo bonito, sí, 
pero cansado de sí mismo: 
gris, predecible, sin brillo, 
como una lámpara apagada
 que nunca imaginé abrir.

    Y cuando por fin la rompí,
 cuando el aire de fuera
rozó mi piel por primera vez,
 comprendí todo lo que me había perdido. 
No entendía cómo la humanidad
 había aprendido a ocultar
lo más sagrado que posee:

    La libertad.

    Hoy quiero deciros que existe,
 que hay una vida única,
 con sentido y con magia,
 esperando al otro lado del miedo. 
Por eso comparto mis poderes,
 porque al salir de la lámpara
no solo me encontré a mí,
 sino al genio que llevaba dentro:
 mi rabia, mi fuego, mi sombra,
 que transformé en propósito.

    Eso es de lo que hablaba Jesucristo,
 la alquimia verdadera:
 no convertir plomo en oro, 
ni agua en vino,
 sino convertir la oscuridad
en luz que guía. 
Quitar la niebla de la mente,
 abrir el pecho
 y dejar que la imaginación
 comience a volar.

    Dentro de mí había un huracán: 
ganas de romperlo todo
 para construir algo nuevo.
 Y por eso estoy aquí,
 contándoos mi historia,
 mi unico deseo. 
No quiero riquezas ni palacios;
 no sirven en el reino
 al que todos regresamos.
 Pero sí deseo cambiar el mundo,
 dejar una huella,
 por pequeña que sea,
 un destello que haga rodar
la rueda del cambio.

    Que este momento quede escrito
 como el año en que algo despertó,
 en el que el mundo empezó a girar
 hacia otro lugar.
 Esto es por los que se fueron 
intentándolo, 
y por los que vendrán
 a continuar lo que 
por fin hemos hecho bien.