El artista no crea para llegar, crea para permanecer. No busca el final, sino el gesto; no persigue el resultado, sino el latido que ocurre mientras sus manos, su voz o su pensamiento dan forma a lo invisible. Su obra no es un objeto: es un tránsito. Por eso el artista habita el tiempo de otro modo, más lento, más hondo, más cercano a lo esencial
ARTE
El mundo avanza impulsado por metas y certezas, mientras el artista disfruta saboreando la vida

