El gobierno Español gastará 2millones en esto !!

Este artículo parecía escrito para mí.


En cuanto lo vi, supe que no podía quedarme callado. No fue impulso: fue la certeza de que el mensaje necesitaba una respuesta.

  • vídeo 1 campaña estado español 2 millones de euros (conciencia neandertal 100%)
  • vídeo 2 búsqueda YouTube 0 euros (conciencia 100%)

Quiero que veáis dos vídeos, en este orden, porque juntos representan a la perfección la hipocresía de nuestro tiempo. El primero es una campaña institucional financiada con dos millones de euros de dinero público. Dos millones que podrían haberse destinado a mejorar la vida de las personas, pero que se han utilizado para fabricar un mensaje vacío sobre el cambio climático. ¿Concienciar a quién? Porque quienes deberían tomar conciencia son precisamente quienes convierten el cambio climático en un negocio, igual que hacen con el hambre, las guerras o la industria farmacéutica.

En el vídeo aparece una anciana que se presenta como la Madre Tierra y nos felicita por lo bien que lo estamos haciendo. Es difícil imaginar algo más cínico. El ser humano no ha hecho otra cosa que explotar el planeta hasta el límite, devorar sus recursos y cubrirlo de residuos, plásticos y chatarra. Decir que lo estamos haciendo bien no es ingenuidad: es una burla.

El verdadero problema del cambio climático no es la falta de campañas, sino el modelo de consumo que nos han impuesto. Nos educan para comprar, usar y tirar, y luego nos señalan como culpables. La solución no pasa por gestos simbólicos, sino por producir menos, mejor y durante más tiempo. Y eso no está en manos del consumidor, sino de los fabricantes y de las leyes que deberían regularlos y sancionarlos. Nosotros solo somos el último eslabón de la cadena: consumimos lo que nos ponen delante.

El segundo vídeo lo encontré en Internet en apenas dos minutos. No costó nada. Y aun así muestra con mucha más honestidad lo que realmente estamos haciendo como especie. Sirve para recordar algo fundamental: para generar impacto no hace falta dinero, y para tomar conciencia no hacen falta campañas millonarias. Solo hacen falta voluntad, responsabilidad y el deseo real de cambiar

El nuevo rey de la controversia
No quiero que me llamen así por provocación, sino por consecuencia.
Me levanto cuando aún no ha despertado la ciudad, no por disciplina sino por urgencia. Escribo porque pensar se ha vuelto un acto de resistencia. Escribo para sacar a la superficie lo que el subconsciente esconde y el sistema prefiere callado. No busco aplausos: busco fisuras en la conciencia, grietas por donde vuelva a entrar la luz.
Vivimos anestesiados. No por ignorancia, sino por saturación. Pantallas, ruido, entretenimiento infinito. El sofá se ha convertido en trinchera y Netflix en ideología. El problema no es el descanso, es la renuncia. El voltaje vital del ser humano ha sido reducido al mínimo necesario para no rebelarse.
Esperar que el cambio venga desde arriba no es ingenuidad, es complicidad. El poder no duerme: observa. Se alimenta de nuestra pasividad, de nuestro miedo a perder lo poco que tenemos. Nos enseñaron a confundir estabilidad con sumisión y comodidad con felicidad.
Llaman democracia a un sistema donde elegir no significa decidir. Una dictadura suave, sin uniformes ni golpes, pero con deudas, miedo y silencio. Sus pilares no son sólidos: están hechos de mentira estructural, de avaricia normalizada y de la sangre invisible de quienes sostienen todo sin recibir nada.
Tal vez no veamos la caída, pero eso no nos absuelve. Cada generación es juzgada por lo que tolera. No estamos aquí para heredar el mundo intacto, sino para empujarlo hacia adelante, aunque duela, aunque tiemble.
La verdadera pregunta no es política, es existencial:
¿Vas a vivir como espectador o como responsable?
¿Vas a seguir sentado, o vas a levantarte sabiendo que pensar, incomodar y actuar tiene un precio… y aun así hacerlo?